Si eres un enamorado de la carne, lo más lógico es que disfrutes con un buen corte, sea de res, pollo, cerdo, pavo o pato. Sin embargo, muchas veces, y sin saberlo, puedes estar cometiendo errores comunes que no te dejan disfrutar una pieza de la mejor manera.

Te recomendamos que para aprender a prepararlas, sigas los consejos de los expertos. Así, tendrás la certeza de que la porción que llevas a tu plato ofrece lo mejor en cuanto a sabor, textura y aroma.

Toma atenta nota a los errores más comunes a la hora de preparar tu carne, bien sea en parrilla, sartén o plancha.

No elegir el corte de res apropiado

Elegir carne correcta

Cuando de res se trata, cada corte tiene fines muy específicos. No todos te servirán para las mismas preparaciones: unos quedan mejor en cocciones largas o al horno y te permiten aprovechar sus jugos para saborizar papas o vegetales. Otros aportan mayor sabor si los pones al fuego, brasa o parrilla, con pocos aditamentos, tal vez simplemente con un poco de sal baste para lograr un gran filete. 

Algunos cortes como  la picanha, la entrañita o el New York steak, van mucho mejor a la parrilla o asador. Estos cortes tienen gran contenido  de marmoleo o grasa entreverada, que se funde con las altas temperaturas de las brasas, destacando la terneza, jugosidad y sabor de la carne. 

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Recuerda que para disfrutar de la calidad y sabor de la carne americana, no todos los cortes se comen bien asados. Te recomendamos que disfrutes de un corte grueso de res a término medio. Si te gustan las carnes bien hechas, lo mejor es que elijas un corte delgado, o gradúes adecuadamente las temperaturas y tiempos,  para no perder humedad en la cocción.

Escoger carnes de aves

Si hablamos de aves, ten presente la diferencia entre una pechuga y un contramuslo. Aunque la primera tiene más carne, se seca mucho más rápido, por lo que te recomendamos usarla en sopas, rellenos o en filetes delgados. Son ideales para apanar o llevar a la parrilla en cocciones de poca duración.

El contramuslo y el muslo, por su parte, son más jugosos y su cercanía al hueso le otorga más sabor, es por esto que quedan muy bien en preparaciones al horno, o en estofados.

A diferencia de la res o del cerdo, el pollo sí debe comerse bien asado o cocido. Sabrás cuándo está listo si al pinchar con un tenedor, los jugos salen transparentes y no rosados.

Descongelar fuera del refrigerador

Descongelar carne

Te recomendamos descongelar la carne un día antes, pasándola del congelador a la nevera.  De esta manera tendrás la certeza de que la carne que consumirás está libre de contaminación de bacterias y no causará intoxicaciones en los comensales.

No cambiar de utensilios

Utencilios

¿Cortaste la cebolla en una tabla en la que antes habías manipulado carne o pollo crudo? Si es así,  hay contaminación cruzada y debes evitarla al máximo, puesto que pueden pasar bacterias de un alimento a otro. Te recomendamos utilizar utensilios diferentes para las carnes y para las verduras, también, evitar depositar una pieza de carne cocida en un plato en el que antes había carne cruda. Estas son prácticas básicas de higiene.

No secar la carne antes de llevarla a la plancha

¿Qué pasa si la carne está muy húmeda? Lo primero, es que se pegará a la sartén o a la parrilla, además le bajará la temperatura a la cocción. Por eso, si vas a prepararla asada o a la plancha, te sugerimos que, antes de cocinarla, retires el exceso de  humedad de la carne, con un paño de cocina o una servilleta.

Por el contrario, si  cocinarás la carne al horno, estofada o hervida, no es necesario secarla.

Cocinar la carne en una superficie fría

Para que puedas apreciar todos los sabores de un buen corte o presa de una carne americana, deberás prepararla de la mejor forma. Por eso, si tu decisión es usar sartén,  deja que se caliente muy bien la superficie en la que la cocinarás. Sabrás si es suficiente si al acercar la mano soportas el calor por cinco segundos.

Por último, te sugerimos que al cocinar cualquier proteína animal, dejes espacio en la sartén y ases los filetes de uno en uno. Si acomodas más de dos, bajarás la temperatura del utensilio  y, en vez de dorar la pieza, tendrás una carne sancochada.

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