Si pudiéramos devolver el tiempo y le preguntáramos a Moctezuma cuál era su plato favorito, es posible que nombrara los frijoles (ahora, no sabemos si con aguacate y chicharrón 😉).

Esta fantástica leguminosa ha estado presente en muchas culturas desde tiempos inmemorables. Existen suficientes pruebas de que el fríjol se empezó a cultivar y consumir desde hace más de 5.000 años en la cultura Azteca e Inca. En el siglo XVI, los europeos descubrieron este cultivo, que se hizo muy popular dado su valor nutricional y facilidad de almacenar, que los convirtió en parte fundamental de la dieta de los marineros. De ahí el nombre de la variedad fríjol navy.

En Estados Unidos por su parte, durante la época de la Gran Depresión, los fríjoles se promocionaron como fuente de proteína, ya que la carne era escasa y costosa. El gran boom de su demanda se dió durante la Segunda Guerra Mundial, ya que se constituyó en un alimento básico de las raciones utilizadas. Después de la guerra, los esfuerzos de ayuda alimentaria por parte de Estados Unidos se intensificaron, impulsando la producción de frijoles secos.

Actualmente, Estados Unidos es el líder mundial en la producción de frijoles secos. Cada año, los agricultores plantan de 1,5 a 1,7 millones de acres de frijoles secos comestibles.

En Colombia, ya disfrutamos de algunas de las variedades 🇺🇲. Es cuestión de elegir aquella que vaya mejor con nuestro menú favorito.

  • El fríjol rojo es una excelente opción para chiles, sopas, platos criollos y ensaladas como este saludable tabule
  • El fríjol pinto es perfecto si quieres adentrarte en la gastronomía mexicana. Es aconsejable para  fríjoles refritos o recetas novedosas como estos brownies de fríjol pinto
  • El fríjol zaragoza o rosado será una alternativa para acompañar una proteína, preparar guisos, cazuelas y  convertirte en todo un chef con este bife de chorizo con fríjol zaragoza

¿Quieres conocer más sobre estas y otras variedades y en dónde encontrarlas?